lunes, 21 de enero de 2013

pan árabe o pan de pita


Panes hay de muchas variedades. Los hay tipo pan de campo, con semillas o de salvado. El pan árabe o pan de pita se caracteriza por ser un pan con muy poca miga. Es ideal para quienes se cuidan en la dieta o simplemente desean comer sano. Hoy te enseñaré cómo hacer pan árabe, con todos los trucos para que no dejes de probarlo.
Ingredientes:
Harina común 1 kg
Sal 1 cda
Levadura fresca 50 g
Aceite 30 cc
Agua tibia 500 cc aproximadamente.
Preparación:
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En un bol, colocar la harina mezclarla bien con la sal. Formar un hueco en el centro y agregar la levadura fresca desmenuzada con las manos.
Es importante que la harina y la sal estén bien mezcladas porque de no ser así, el contacto de la sal con la levadura hace que ésta pierda su propósito leudante.
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Nuevamente, hacer un hueco en el centro, agregar el aceite y de a poco ir vertiendo el agua tibia.
La cantidad de agua dependerá de cuánto líquido absorba la harina, por lo que debemos tener cuidado a la hora de agregar agua para no excedernos.
Unir hasta formar una masa que no se pegue a las manos.
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Luego, hacer un bollo y colocarlo en un bol tapado a temperatura ambiente. Dejar que la masa duplique su volumen.
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Una vez que la masa haya duplicado su volumen, volcar sobre la mesada y ejercer una leve presión con la yema de los dedos para retirar el "gas" generado por la levadura.
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Estirar la masa lo más fina posible y cortarla con un cortante o un vaso. Si notamos que la masa nos quedó un tanto gruesa, con un palo de amasar la podemos afinar más siempre y cuando se mantenga la forma circular.
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Colocar todas las piezas sobre una placa apenas enharinada.
Llevar a horno a 200°C hasta que la base se dore.
Secretito:
El pan árabe puede dejarse en el freezer, colocándose en recipientes aptos y separando los panes con papeles separadores.
¡Listo! Esta receta de pan árabe es súper fácil de hacer y es ideal para preparar un sandwich con lechuga, tomate y fiambres.
Fuente: Elgranchef

viernes, 18 de enero de 2013

15 soluciones ecológicas para la limpieza en nuestro hogar


1- Pulidor de plata. Limpia los objetos, luego coloca papel de aluminio en el fondo de un balde. Agrega una solución de un cuarto de taza de bicarbonato de sodio, unas cucharadas de sal y agua hirviendo. Lareacción química liberará de las manchas negras a los objetos. 
2- Limpiador de gamuza. Con una lima de uñas raspa delicadamente las áreas que se han ensuciado en abrigos o zapatos, y las manchas se irán.

3- Cubierta para asientos anti-mascotas. 
Coloca una alfombra de baño en el asiento de tu auto cuando estén por subir tus mascotas. La parte de goma de abajo hará que se quede en su lugar y cuando los animales terminen el viaje, puedes guardar la alfombra en el baúl para usarla la próxima vez, y así dejar tu coche libre de pelos y manchas.

4- Limpiador de tazas. 
Para quitar las manchas de té o café de las tazas, frótalas con cáscara de naranja y un poquito de sal.
5- Blanqueador natural de telas. Elimina la lavandina de tu lavadero. Agrega entre un cuarto a media taza de jugo de limón al agua con la que estás lavando la ropa y los blancos volverán a brillar.
6- Vidrios y espejos. Para limpiarlos sin dejar restos, utiliza papel de diario junto a tu limpiador habitual. Además, de ser muy económico, este papel deja menos residuos que otros, como el de cocina.
7- Secador de alfombras de baño. Mantén una percha para pantalones en el cuarto de baño. Luego de una ducha, cuelga la alfombra estirada en este elemento, enganchándolo en la barra de la cortina. Así se mantendrá seca y sin olor.
8- Removedor de pelos de mascotas. Ponte unos guantes de cocina y pasa las manos por sillones y sillas por las que dejaron rastros las mascotas. El pelo se agarrará a la goma del guante y no al sofá. Luego pon los guantes debajo de la canilla para que los pelos se vayan, no sin antes colocar un filtro en el drenaje.

9- Para quitar grasa de las manos.
 Si te manchaste, frota tus manos con una mezcla de agua y azúcar y listo.
10- Removedor de cera. Si una vela se derritió sobre un mantel, pon unos cubos de hielo en una bolsa hermética y cubre el área implicada por unos 20 minutos. Una vez que la cera se haya congelado, quítala con la ayuda de una espátula.
11- Limpiador de tablas de cortar. Para sacar los restos que quedan luego de cortar en tablas de madera o plástico, corta un limón por la mitad, apriétalo sobre la superficie y frótalo. Déjalo actuar unos 20 minutos antes de lavar con agua.
12- Mayonesa para sacar adhesivos. Coloca una buena cantidad de mayonesa sobre los stickers imposibles de sacar de vidrios y espejos. Luego ayúdate con una espátula.
13- Brillo para uñas para evitar el herrumbre. Pinta las bases de latas -de espuma de afeitar, por ejemplo- con este barniz incoloro. Así evitarás que queden marcados aros en diversas partes del baño.
14- Restos de huevo. Si se te ha caído huevo en alguna superficie, ponle sal y espera que actúe dos minutos antes de pasarle un trapo.
15- Resaltador de cobre. Revive el color y el brillo de tus utensilios de cobre con ketchup. Pon ketchup en un trapo y frótalo en sartenes y ollas. Luego de cinco minutos, lávalas con agua tibia y sécalas con una toalla.

martes, 15 de enero de 2013

como guardar el jengibre y usarlo en varias recetas


La raíz del jengibre se puede comer en una variedad de maneras, incluyendo fresca, seca, encurtida, en conserva, molida y cristalizada o azucarada. La mayoría de métodos para comer jengibre incluyen la adición de comidas terminadas, aunque puede comerse solo en algunos casos, como cuando se ha hecho en dulces. Utiliza cualquiera de los siguientes métodos para comer jengibre correctamente.
Instrucciones
1.- Lava la raíz fresca de jengibre y luego pélala usando un pelador para la piel exterior resistente. Ralla o pica la pulpa fibrosa interna y agrégala salteada en las sopas y los guisos.
2.- Remoja la raíz seca de jengibre en líquidos como agua, caldo de verduras o de pollo para hidratarla; a continuación, añádela a cualquier receta. La raíz seca de jengibre se come con mayor frecuencia en las sopas y guisos.
3.- Come jengibre encurtido como acompañamiento al sushi o de otros platos japoneses nativos. El vinagre dulce es utilizado para encurtir la raíz y puede ser encontrado en muchos mercados asiáticos de alimentos.
4.- Come la raíz de jengibre en conserva, la cual ha sido tratada con una mezcla de azúcar y sal, para acompañar los melones o agregarlo a los postres y dulces como desees. También puedes encontrarla en los mercados de alimentos asiáticos.
5.- Come la raíz de jengibre molido en el curry, sofrito, dulces y salsas. Esta presentación del jengibre se encuentra en la sección de especias de tu supermercado local y se utiliza con mayor frecuencia en los postres.
6.- Haz la raíz de jengibre cristalizada, también conocido como jengibre azucarado, pelando y cortando una libra de raíz y cocinándola en agua durante 30 minutos. Escurre y trasládala a una cacerola. Añade una cantidad equivalente de azúcar y tres cucharadas de agua. Llévala a ebullición y revuelve con frecuencia hasta que la raíz esté casi transparente. Reduce el fuego y cocina hasta que el líquido esté totalmente evaporado; a continuación, coloca las rodajas en el azúcar granulada para cubrirlas.
Fuente: Ehowenespanol

miércoles, 2 de enero de 2013

¡Feliz año nuevo 2013!! y que se les cumpla todos sus buenos deseos!!!

http://www.hola.com/actualidad/2013010262618/fin-anio-2012-celebraciones/


....disfruten de estas maravillosas imágenes ,sobretodo de la foto de Funchal en la isla de Madeira...mi tierra madre!!!!!

          ¡Feliz año 2013 !

¡¡¡Dios nos bendice siempre !!! 

viernes, 7 de diciembre de 2012

Cómo rellenar un hojaldre crocante


 cosumer eroski

Hojaldres: cómo rellenarlos para que queden crujientes

Para conseguir un hojaldre perfecto, es fundamental controlar la temperatura y la consistencia de la masa y del relleno
  • Por PEIO GARTZIA
  •  
  • Última actualización: 29 de noviembre de 2012
- Imagen: Lablascovegmenu -El hojaldre es una masa laminada clásica de la repostería mundial. Se elabora con harina, agua, una pizca de sal y mantequilla, unos ingredientes simples para una elaboración compleja, ya que el hojaldre es una de las masas más complicadas de preparar. Por ello, después de invertir tiempo y dedicación en la cocina, puede resultar muy frustrante que el relleno reblandezca o aplaste la masa y estropee sin remedio el resultado. Hay trucos para evitarlo. Se debe controlar la temperatura y la consistencia de la masa y del relleno, además de incorporar este a los pastelitos cuando el hojaldre esté frio.

Cómo rellenar un hojaldre y acertar

Los pastelitos de hojaldre deben rellenarse una vez que están fríos. Con un cuchillo de sierra se abren en dos partes, como si fueran un bocadillo, y se asegura que la parte de abajo -o base- es más compacta que la de arriba. Ambas quedarán crujientes, pero la superior será más delicada al tacto. En cuanto al relleno, puede ser dulce o salado.
  • Relleno dulce. El relleno del hojaldre más clásico es una base de crema pastelera, con una capa de nata montada por encima y espolvoreada con canela. La superficie del hojaldre se cubre con azúcar glass y almendra tostada. Los más golosos pueden acompañarlo con una salsa de chocolate caliente.
    Pero, ¿cómo añadir todo esto sin estropear la masa? La respuesta está en la temperatura. Para que el postre quede crujiente, es fundamental añadir todos los elementos fríos, en especial la crema pastelera, para evitar que el calor reblandezca el hojaldre. Tras agregar el relleno, lo siguiente es conservar los pastelitos en la nevera hasta el momento de servirlos.
  • Relleno salado. Si en cambio queremos rellenar el hojaldre con algo salado -como un salteado de setas o unas espinacas-, el truco es ligar estos ingredientes con nata o con un poco de bechamel hasta obtener una consistencia más cremosa. De este modo, evitaremos que las espinacas o las setas suelten jugos y estropeen la masa, lo que la reblandecería.
    Al igual que con la crema pastelera, la temperatura es crucial. Por un lado, siempre colocaremos el relleno cuando se haya enfriado y esté más compacto. Por otro, puesto que estos platos se consumen calientes, es preciso acertar con el calor antes de servirlos. La temperatura de horno idónea es 180ºC, ya que permite que la masa y el relleno se calienten de manera uniforme y evita que se reblandezca la base del hojaldre.
    Un último consejo: dentro del hojaldre, sobre el salteado de setas o de espinacas, se pueden agregar trocitos de foie, de queso graso o unos dados de salmón ahumado. Estos elementos, que tienen un toque graso, ayudan a que el interior quede jugoso. El acompañamiento recomendado es una salsa caliente (como la bizkaina o la de setas), una bechamel con notas de tomate o una crema de verduras.

Hojaldres crujientes: el primer paso es la masa

Muchas personas compran el hojaldre congelado para ahorrar tiempo en la cocina y simplificar su elaboración. Pero incluso así, en el momento de prepararlo, también deben tratarlo con mimo. El mejor resultado se consigue con un trozo grueso de masa, que se estira tras descongelarlo hasta darle el grosor que se desea.
Es preciso espolvorear con harina la superficie de trabajo -a ser posible, una encimera de granito, lisa- y la propia masa para que el rodillo se deslice por ella de manera uniforme y sin pegarse. Una vez que se alcanza el grosor óptimo -lo idóneo es un centímetro-, se corta la masa en "rectángulos de ración", de unos 5 centímetros de largo por 3 de ancho, y se colocan estas porciones sobre una bandeja de horno.
Aunque los hojaldres no se suelen pegar, se puede colocar un papel de horno entre la masa y la bandeja para asegurar que no ocurrirá. Se precalienta el horno a 200ºC y, algo muy importante, no se introducen los pastelitos hasta que se haya alcanzado esa temperatura.
Para lograr un aspecto tostado y un bonito color brillante, se pinta la superficie de las porciones con huevo batido. Ahora sí, se introduce la bandeja en el horno caliente y se deja que los pastelitos se cocinen durante 20 o 25 minutos, hasta que aumente su volumen y la superficie se dore. Cuando se saquen del horno, se colocan en otra bandeja (o sobre una rejilla) y se espera a que se enfríen, antes de rellenarlos.

miércoles, 5 de diciembre de 2012

como conservar en frío las galletas y dulces


La Navidad es tiempo de dulces, es un hecho que seguro se confirma en prácticamente todos los hogares durante las fiestas; parece que todos nos volvemos un poco más golosos cuando se acercan los días navideños. Además, cada año más gente se anima a preparar sus propias galletas y dulces, pues son una bonita tradición navideña que nos permite además agasajar a las visitas o hacer pequeños regalos. Sería una pena que se estropearan por no conservarlos correctamente, por lo que nunca viene mal tener en cuenta algunos consejos generales para su almacenamiento.
Como ya he comentado en otras ocasiones, en muchos países es costumbre hornear decenas y decenas de galletas variadas cuando llega el Adviento. En mi casa siempre hemos tenido una deliciosa mezcla de dulces tradicionales españoles, murcianos y suizos, con muchas galletas que primero nos enviaba la familia, y que después empecé a preparar yo misma. No tardé en aprender de mi abuela que lo mejor es almacenar cada tipo en espacios diferentes, y sólo preparar un pequeño surtido variado expuesto en una bandeja que se pudiera reponer casi a diario.
Congelando masas y galletas
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En ocasiones nos olvidamos de que también podemos recurrir al congelador a la hora de conservar masas y dulces de todo tipo, como ya nos enseñó mi compañera Maria Jose. La congelación es especialmente útil en dos casos: cuando nos organizamos con antelación y cuando tenemos un gran excedente de productos. En ambas situaciones la conservación en frío nos puede ahorrar el disgusto de que nuestros dulces se estropeen o pierdan cualidades.
Si queremos hornear dulces para regalar durante las fiestas podemos empezar con semanas de antelación, congelando la masa en sus distintas fases. Muchas recetas piden un tiempo de enfriado de la masa en la nevera antes de recortar las formas, por lo que podemos aprovechar ese paso para guardarla, bien envuelta en film, en el congelador en una o varias porciones. La descongelaremos a temperatura ambiente hasta que se pueda estirar.
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Otra opción es formar las galletas y congelarlas antes de hornearlas. Este método nos permite hornear pequeñas cantidades de galletas cada vez, pudiéndolas disfrutar siempre recién horneadas cuando nos apetezca. Para ello, hay que disponer las galletas en una bandeja, llevarla al congelador un par de horas, y luego envolverlas en pequeños grupos en bolsas herméticas antes de devolverlas al frío. No hace falta descongelarlas, podemos hornearlas directamente, eso sí, aumentando el tiempo de horno.
Por supuesto, también se pueden congelar las galletas ya horneadas, el método a seguir es el mismo que el que empleamos en las galletas crudas, sólo hay que segurarse de que están totalmente frías. Primero se congelan dispuestas en bandejas y después se guardan en pequeños grupos dentro de bolsas especiales para congelación, mejor si además guardamos estas bolsas en recipientes herméticos. Se descongelan bien a temperatura ambiente. Este método es ideal para planificar nuestros regalos con antelación y no tener que ir con prisas en el último momento.
Almacenando cada dulce correctamente
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A pesar de que cualquier dulce siempre presentará las mejores condiciones cuanto menos tiempo haya pasado desde su horneado, la mayoría de galletas y similares aguantan muy bien varios días si se almacenan correctamente. La regla esencial es guardarlos en recipientes herméticos, limpios y secos, lejos de fuentes de calor, de humedad y de posibles olores fuertes.
La otra gran premisa que debemos tener en mente es no mezclar tipos distintos de dulces en un mismo contenedor, ya que pueden ejercer influencias entre ellos y arruinar sus características. Las galletas duras y crujientes no deben guardarse con las que sean más tiernas o abizcochadas, y viceversa. También hay que dividirlos por ingredientes y aromas, formando especies de “familias” de dulces. Por ejemplo, el chocolate tiene un sabor muy potente que puede afectar a otras galletas de tonos más suaves, y lo mismo sucede con especias fuertes.
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En cuanto a los recipientes a usar, dependerá de los gustos de cada uno. Cualquier contenedor de cierre hermético servirá, aunque yo personalmente siento debilidad por las cajas metálicas con bonitos dibujos. Antes de llenarlas de galletas, nos aseguraremos de que están bien limpias, sin olores extraños, y forraremos su interior con servilletas o telas bonitas. Si los dulces son muy delicados podemos formar pisos separados por papel sulfurizado.
Por último, me gustaría volver a insistir en lo importante que es dejar enfriar completamente las galletas y dulces de cualquier tipo antes de guardarlos. Las recetas siempre suelen terminar indicando que se dejen enfriar sobre una rejilla, y la razón es la misma: evitar la condensación. Si guardamos galletas que aún están templadas se creará un efecto de condensación que arruinará toda la caja debido a la humedad. También es esencial dejar secar aquellos dulces que decoremos con un glaseado o cobertura. En invierno pueden tardar más, pero siempre será mejor aguardar unas horas que ser impacientes y estropearlos.
Seguramente muchos de estos consejos os habrán resultado obvios, pero a veces viene bien repasar algunos conceptos básicos, sobre todo en fechas de estrés y prisas como son los preparativos navideños. En cualquier caso, espero que os hayan resultado útiles estas recomendaciones y, sobre todo, que disfrutéis de una muy dulce Navidad este año.
Fuente Directoalpaladar
EA

martes, 27 de noviembre de 2012

utensilios que nos pueden sacar de un apuro en la cocina


Si eres como yo, que me fascinan las tiendas de utensilios de cocina. La variedad de diseños es una de mis debilidades, pero menos mal que la falta de espacio para guardar todo lo que me gusta evita que caiga en la tentación más a menudo. Muchos soñamos con una cocina enorme, pero si nos tenemos que conformar con algo más modesto, una buena manera de aprovechar el espacio es utilizar objetos con usos que en principio no están pensados para emplear en la cocina.
ante panoramas económicos como el que estamos viviendo, cualquier pequeña acción que nos permita ahorrar en más de un gasto es bienvenida. En realidad no hace falta pasar por una época de apretarse el cinturón para reaprovechar diferentes objetos, dándoles usos más allá de su función original, y alargando así su vida útil. Cuando yo era pequeña aprovechaba todo tipo de cosas para hacerme mis propios juguetes, y creo que algo de eso se me ha quedado, ya que siempre ando reaprovechando objetos, especialmente en la cocina.
Utensilios para repostería y panadería
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Los dentistas no se cansan de repetir que el hilo dental es indispensable en la higiene diaria. Aunque en la realidad seguro que somos muchos los que nos olvidamos de usarlo, olvidándolo en un cajón del baño. Yo os animo a rescatarlo, al menos para darle una vida más animada en la cocina, y es que es un instrumento ideal para cortar ciertos alimentos. Bien tenso, el hilo dental resulta perfecto para cortar quesos tiernos, rebanar tofu blando o cortar en capas una masa de bizcocho esponjoso.
Los mejores panes y pizzas se se hacen en hornos de piedra, pero para conseguir un resultado similar en casa podemos recurrir a las piedras de hornear. Se puede conseguir un versión más asequible comprando material de bricolaje, procurando que sean piedras cerámicas sin recubrimientos extraños, y que sean muy resistentes al calor, es decir, refractarias. También podemos hornear panecillos directamente en macetas de terracota, cubriendo los orificios del fondo con papel de hornear y engrasando bien el interior.
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Creo que fue en un programa de cocina británico donde aprendí el pequeño truco de emplear un gorro de ducha a la hora de trabajar con masas de panadería. Los típicos gorros que regalan en los hoteles son estupendos parar cubrir cuencos y recipientes donde tengamos una masa levando, ya que gracias a sus bordes elásticos se adaptan fácilmente a cualquier forma y casi cualquier tamaño.
Para estirar masas, de galletas o de bases de tartas, hay que procurar que toda la superficie quede con el mismo grosor. Hacerlo a ojo es complicado, por lo que venden rodillos especiales con niveladores. Pero invirtiendo en unos simples listones finos de madera con el grosor que necesitemos nos ahorramos la compra de un rodillo nuevo.
Para grosores delgados, los palillos de la cocina asiática o las brochetas son una buena opción.
Una ayuda extra en la cocina
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Con un secador de pelo podemos hacer varias cosas en la cocina. Por ejemplo, dar un aspecto más brillante a pasteles decorados con cremas de mantequilla o chocolate. Es suficiente con darle algunas pasadas con la potencia baja, hasta que la crema se empiece a derretir muy ligeramente. Al enfriarse, adquirirá un tono brillante de revista. También hay gente que lo utiliza para acelerar la descongelación de ciertos alimentos, o incluso para derretir chocolate o ablandar mantequilla.
La piel rallada de cítricos como el limón o la naranja aportan un toque fantástico a cientos de recetas dulces y saladas. Es recomenable emplear un rallador especial para conseguir rallar sólo la parte externa y que quede muy fina, pero siempre podemos optar por usar una lima de las que se emplean para madera. Su pequeño tamaño las hacen ideales para extraer la parte más aromática de los cítricos.
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Hace tiempo que los pulverizadores de aceite dejaron de ser una novedad en las tiendas de cocina, pero no sólo podemos usarlos para aliñar con menos calorías. Son muy útiles para engrasar fuentes, sartenes, wok o moldes de repostería. Además, los más baratos de plástico son estupendos para pulverizar agua sobre la masas de pan o directamente en el horno caliente para generar vapor y conseguir una mejor corteza.
Es raro el hogar que no tiene al menos una alfombrilla de ratón de sobra o que ya nadie utilice. Se le puede dar un nuevo uso empleándola como salvamanteles, siempre que no tenga un recubrimiento de plástico. La variedad de diseños que existen hace que además pueda ser un buen elemento decorativo en la mesa.
Orden y organización
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Si en vuestra casa hay algún miembro de la familia que utilice lentillas, como ocurre en mi caso, seguro que muchas veces os encontráis con un excedente de esos pequeños recipientes que se usan para guardarlas. Yo me di cuenta de que pueden ser muy útiles para guardar y transportar pequeños objetos. En el caso de la cocina, los porta lentillas resultan ideales para llevar especias, sobre todo si salimos de viaje o vamos a comer fuera.
¿Quién no ha reutilizado las cajas de zapatos y de ropa para guardar otro tipo de objetos? Por supuesto, también nos sirven para almacenar utensilios de cocina, pero podemos emplearlas en un uso más específico. Practicando unos cortes en forma de X a lo largo de la tapa o de la base, tendremos un transportador o soporte de cupcakes, muffins o magdalenas de lo más práctico.
Los coladores de metal, aquellos que se sostienen sobre su propia base y suelen tener dos asas pequeñas, pueden funcionar muy bien como dispensador de hielos en una fiesta. Sólo tenemos que colocarlo sobre un plato que recoja el agua sobrante y llenarlo de cubitos de hielo para que los invitados se sirvan a su gusto con unas pinzas.
Utensilios culinarios con más de un uso
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Si cortamos la parte superior de una botella de plástico vacía, podemos obtener un embudo casero de la forma más sencilla. Tan sólo habrá que tener cuidado de recortar el perfil de forma regular para evitar crear un borde afilado, y limpiarlo bien. Con distintos tipos de botellas tendremos diferentes tamaños de embudos.
Creo que las tijeras son una herramienta fundamental en cualquier cocina. Lo más recomendable es tener dos o más ejemplares, distinguiendo las que usemos para cortar materiales como plástico o papel de las que se utilicen para recortar alimentos. Y es que pueden ser tremendamente útiles para picar, por ejemplo, hierbas frescas, trocear ingredientes o recortar con precisión los trozos sobrantes de masas dulces o saladas.
Las cafeteras de goteo no son mis preferidas, pero a sus filtros desechables podemos encontrarles más de una utilidad. Por ejemplo, para aligerar una salsa o un caldo que haya quedado demasiado grasiento, ya que los aceites y sustancias grasas se quedarán en el filtro. También es útil para escurrir yogur o queso fresco, eliminando así parte del agua que contienen.
No siempre tenemos mangas pasteleras disponibles en casa. Para decoraciones y otros usos en los que no se requiere demasiada precisión, las bolsas de congelación son un gran sustituto. Podría valer cualquier bolsa de plástico, pero creo que las especiales para congelar son las mejores. Sólo tenemos que llenar la bolsa con la crema o la glasa, sellarla bien y cortar con cuidado una esquina para que funcione como la boca de la manga.
Como véis, sólo se necesita un poco de imaginación y creatividad para reutilizar todo tipo de objetos en casa, especialmente en la cocina. Seguro que muchos de vosotros ya conocíais algunas de estas ideas y probablemente tengáis vuestros propios trucos prácticos. Creo que en la sociedad de hoy en día no nos viene nada mal seguir algunos consejos para ahorrar tiempo, dinero y espacio en nuestro hogar, y todos deberíamos intentar alargar la vida útil de los objetos que nos acompañan en nuestro día a día.
Fuente Directoalpaladar
EA
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