martes, 27 de noviembre de 2012

utensilios que nos pueden sacar de un apuro en la cocina


Si eres como yo, que me fascinan las tiendas de utensilios de cocina. La variedad de diseños es una de mis debilidades, pero menos mal que la falta de espacio para guardar todo lo que me gusta evita que caiga en la tentación más a menudo. Muchos soñamos con una cocina enorme, pero si nos tenemos que conformar con algo más modesto, una buena manera de aprovechar el espacio es utilizar objetos con usos que en principio no están pensados para emplear en la cocina.
ante panoramas económicos como el que estamos viviendo, cualquier pequeña acción que nos permita ahorrar en más de un gasto es bienvenida. En realidad no hace falta pasar por una época de apretarse el cinturón para reaprovechar diferentes objetos, dándoles usos más allá de su función original, y alargando así su vida útil. Cuando yo era pequeña aprovechaba todo tipo de cosas para hacerme mis propios juguetes, y creo que algo de eso se me ha quedado, ya que siempre ando reaprovechando objetos, especialmente en la cocina.
Utensilios para repostería y panadería
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Los dentistas no se cansan de repetir que el hilo dental es indispensable en la higiene diaria. Aunque en la realidad seguro que somos muchos los que nos olvidamos de usarlo, olvidándolo en un cajón del baño. Yo os animo a rescatarlo, al menos para darle una vida más animada en la cocina, y es que es un instrumento ideal para cortar ciertos alimentos. Bien tenso, el hilo dental resulta perfecto para cortar quesos tiernos, rebanar tofu blando o cortar en capas una masa de bizcocho esponjoso.
Los mejores panes y pizzas se se hacen en hornos de piedra, pero para conseguir un resultado similar en casa podemos recurrir a las piedras de hornear. Se puede conseguir un versión más asequible comprando material de bricolaje, procurando que sean piedras cerámicas sin recubrimientos extraños, y que sean muy resistentes al calor, es decir, refractarias. También podemos hornear panecillos directamente en macetas de terracota, cubriendo los orificios del fondo con papel de hornear y engrasando bien el interior.
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Creo que fue en un programa de cocina británico donde aprendí el pequeño truco de emplear un gorro de ducha a la hora de trabajar con masas de panadería. Los típicos gorros que regalan en los hoteles son estupendos parar cubrir cuencos y recipientes donde tengamos una masa levando, ya que gracias a sus bordes elásticos se adaptan fácilmente a cualquier forma y casi cualquier tamaño.
Para estirar masas, de galletas o de bases de tartas, hay que procurar que toda la superficie quede con el mismo grosor. Hacerlo a ojo es complicado, por lo que venden rodillos especiales con niveladores. Pero invirtiendo en unos simples listones finos de madera con el grosor que necesitemos nos ahorramos la compra de un rodillo nuevo.
Para grosores delgados, los palillos de la cocina asiática o las brochetas son una buena opción.
Una ayuda extra en la cocina
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Con un secador de pelo podemos hacer varias cosas en la cocina. Por ejemplo, dar un aspecto más brillante a pasteles decorados con cremas de mantequilla o chocolate. Es suficiente con darle algunas pasadas con la potencia baja, hasta que la crema se empiece a derretir muy ligeramente. Al enfriarse, adquirirá un tono brillante de revista. También hay gente que lo utiliza para acelerar la descongelación de ciertos alimentos, o incluso para derretir chocolate o ablandar mantequilla.
La piel rallada de cítricos como el limón o la naranja aportan un toque fantástico a cientos de recetas dulces y saladas. Es recomenable emplear un rallador especial para conseguir rallar sólo la parte externa y que quede muy fina, pero siempre podemos optar por usar una lima de las que se emplean para madera. Su pequeño tamaño las hacen ideales para extraer la parte más aromática de los cítricos.
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Hace tiempo que los pulverizadores de aceite dejaron de ser una novedad en las tiendas de cocina, pero no sólo podemos usarlos para aliñar con menos calorías. Son muy útiles para engrasar fuentes, sartenes, wok o moldes de repostería. Además, los más baratos de plástico son estupendos para pulverizar agua sobre la masas de pan o directamente en el horno caliente para generar vapor y conseguir una mejor corteza.
Es raro el hogar que no tiene al menos una alfombrilla de ratón de sobra o que ya nadie utilice. Se le puede dar un nuevo uso empleándola como salvamanteles, siempre que no tenga un recubrimiento de plástico. La variedad de diseños que existen hace que además pueda ser un buen elemento decorativo en la mesa.
Orden y organización
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Si en vuestra casa hay algún miembro de la familia que utilice lentillas, como ocurre en mi caso, seguro que muchas veces os encontráis con un excedente de esos pequeños recipientes que se usan para guardarlas. Yo me di cuenta de que pueden ser muy útiles para guardar y transportar pequeños objetos. En el caso de la cocina, los porta lentillas resultan ideales para llevar especias, sobre todo si salimos de viaje o vamos a comer fuera.
¿Quién no ha reutilizado las cajas de zapatos y de ropa para guardar otro tipo de objetos? Por supuesto, también nos sirven para almacenar utensilios de cocina, pero podemos emplearlas en un uso más específico. Practicando unos cortes en forma de X a lo largo de la tapa o de la base, tendremos un transportador o soporte de cupcakes, muffins o magdalenas de lo más práctico.
Los coladores de metal, aquellos que se sostienen sobre su propia base y suelen tener dos asas pequeñas, pueden funcionar muy bien como dispensador de hielos en una fiesta. Sólo tenemos que colocarlo sobre un plato que recoja el agua sobrante y llenarlo de cubitos de hielo para que los invitados se sirvan a su gusto con unas pinzas.
Utensilios culinarios con más de un uso
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Si cortamos la parte superior de una botella de plástico vacía, podemos obtener un embudo casero de la forma más sencilla. Tan sólo habrá que tener cuidado de recortar el perfil de forma regular para evitar crear un borde afilado, y limpiarlo bien. Con distintos tipos de botellas tendremos diferentes tamaños de embudos.
Creo que las tijeras son una herramienta fundamental en cualquier cocina. Lo más recomendable es tener dos o más ejemplares, distinguiendo las que usemos para cortar materiales como plástico o papel de las que se utilicen para recortar alimentos. Y es que pueden ser tremendamente útiles para picar, por ejemplo, hierbas frescas, trocear ingredientes o recortar con precisión los trozos sobrantes de masas dulces o saladas.
Las cafeteras de goteo no son mis preferidas, pero a sus filtros desechables podemos encontrarles más de una utilidad. Por ejemplo, para aligerar una salsa o un caldo que haya quedado demasiado grasiento, ya que los aceites y sustancias grasas se quedarán en el filtro. También es útil para escurrir yogur o queso fresco, eliminando así parte del agua que contienen.
No siempre tenemos mangas pasteleras disponibles en casa. Para decoraciones y otros usos en los que no se requiere demasiada precisión, las bolsas de congelación son un gran sustituto. Podría valer cualquier bolsa de plástico, pero creo que las especiales para congelar son las mejores. Sólo tenemos que llenar la bolsa con la crema o la glasa, sellarla bien y cortar con cuidado una esquina para que funcione como la boca de la manga.
Como véis, sólo se necesita un poco de imaginación y creatividad para reutilizar todo tipo de objetos en casa, especialmente en la cocina. Seguro que muchos de vosotros ya conocíais algunas de estas ideas y probablemente tengáis vuestros propios trucos prácticos. Creo que en la sociedad de hoy en día no nos viene nada mal seguir algunos consejos para ahorrar tiempo, dinero y espacio en nuestro hogar, y todos deberíamos intentar alargar la vida útil de los objetos que nos acompañan en nuestro día a día.
Fuente Directoalpaladar
EA

jueves, 22 de noviembre de 2012

Como se hacen las tradicionales hallacas caraqueñas

La preparación de hallacas caraqueñas según Scannone para el placer de comer!


Hallaca caraqueña
(50 hallacas)
Es un plato que debe hacerse en etapas y que requiere cierto orden en su ejecución, mucho tiempo y trabajo, y preferiblemente la colaboración de varias personas.
Primero se necesita cocinar sólo un poquito de maíz pilado para preparar previamente una pequeña cantidad de masa que se debe agregar al guiso o relleno de la hallaca para hacerlo más espeso, es decir, para cuajarlo.
Luego debe prepararse el guiso o relleno.
Al mismo tiempo debe prepararse la grasa o manteca de cochino que se usará en la preparación de la masa para la cubierta.
También deben alistarse los adornos que se usarán en el momento de rellenar las hallacas.
Posteriormente se cocina el maíz pilado para la preparación de la masa o cubierta de las hallacas. Una vez hecho lo citado anteriormente se debe dejar reposar todo hasta el día siguiente o hasta que enfríe completamente cuando se procederá a moler el maíz, a la preparación de la masa y al llenado o preparación propiamente de las hallacas.
Este día debe comenzarse por preparar la masa, luego clasificar, lavar y secar las hojas y posteriormente debe organizarse todo sobre una mesa grande procediendo entonces a llenar las hallacas.
A medida que éstas van quedando listas deben cocinarse en agua hirviendo con sal, en cantidades que dependerán de las ollas disponibles.
Ingredientes para el guiso
1/2 taza de maíz blanco pilado seco, escogido y limpio, 100 gramos o 1 taza de maíz pilado ya cocido o 2/3 de taza de Masa de Maíz, 200 gramos; 3 kilos de pernil de cochino con poca grasa; 2 gallinas de unos 2 kilos cada una; 1 limón; 1 taza de aceite; 1 1/2 kilo, 6 tazas, de cebolla molida gruesa; 400 gramos, 4 tazas, de la parte blanca de ajo porros picaditos; 200 gramos, 2 tazas, de la parte blanca y algo de lo verde de cebollín en rueditas delgadas; 3/4 de taza de dientes de ajo pelados y posteriormente triturados con 1/2 taza de alcaparras pequeñas en 1/2 taza del caldo donde se cocinaron las gallinas; 1 kilo , 4 1/2 tazas de pimentón fresco rojo, molido sin semillas; 2 kilos, 5 tazas, de tomate molido, sin piel y sin semillas; 4 ajíes dulces picaditos, 4 cucharadas; 1 cucharada de ají picante, picadito, 1 a 2 ajíes de unos 5 centímetros de largo; 1 frasco de 270 gramos de encurtidos en mostaza triturados, 1 taza; 2 tazas de vino dulce tipo Moscatel o Marsala; 1 taza de vinagre; 2/3 de taza, 1 frasco de 145 c.c. de salsa inglesa Worcestershire; 550 gramos de papelón; 1 1/2 cucharada de pimentón rojo seco, molido; 2 cucharaditas de ají picante seco, molido; 1 cucharada de pimienta negra, recién molida; 5 cucharadas de sal; 2 tazas de caldo o consomé donde se cocinaron las gallinas; 3/4 de taza de mostaza preparada.
Preparación del guiso
1. El día anterior a la preparación del guiso, se escoge y limpia 1/2 taza de maíz pilado, se lava muy bien bajo agua corriente hasta que ésta salga transparente. Se pone en una olla con suficiente agua que lo cubra unos 5 a 8 centímetros. Se lleva a un hervor y se cocina 25 a 28 minutos. Se retira del fuego, se le elimina 1/4 a 1/3 del agua caliente que todavía tenga y se le agrega nuevamente agua fría hasta llevarla aproximadamente al volumen original, es decir que cubra el maíz unos 5 a 8 centímetros. Se deja enfriar completamente antes de molerlo.
NOTA: Obsérvese que para la preparación de la masa de maíz para ser usada en platos como: Hallacas, Torta de Masa, Majarete, Bollos Pelones, etc., se requiere cocinar el maíz más tiempo que cuando se va a usar la masa para la preparación de Arepas, con el objeto que la masa quede más fina y suave.
2. Se le quita el exceso de grasa al cochino. Se frota con limón. Se enjuaga bajo agua corriente y se pone al fuego en una olla grande conjuntamente con el tocino que se va a usar como adorno y con suficiente agua que los cubra. Se lleva a un hervor y se cocina unos 7 a 8 minutos. El cochino debe quedar rosado, no debe cocinarse completamente, pues se terminará de cocinar al hacer el guiso. Se apaga el fuego y se deja en la olla unos 5 minutos más. Se saca la olla, se deja enfriar, se aparta el tocino. El cochino se corta en pedazos de unos 3 centímetros, quitándole la grasa o cualquier otra parte desechable que todavía tenga. Se pone aparte. Se desecha el líquido.
3. Se limpian bien las gallinas quitándoles el pescuezo, patas, exceso de grasa y cualquier víscera. Se frotan con limón y se lavan bien. Se pone cada gallina en una olla de presión grande con 4 a 5 tazas de agua. Se llevan a un hervor y se cocinan por 35 minutos o hasta que ablanden pero no demasiado, la carne debe quedar firme para evitar, como con el cochino, que se desbarate demasiado al preparar el guiso. Se apaga el fuego. Se deja reposar unos 10 minutos. Se sacan de la olla y se dejan enfriar. Se les elimina la piel. La carne se corta o desmenuza en pedazos no demasiado pequeños. El caldo que resulta del cocimiento de las gallinas se deja enfriar y se guarda en la nevera para usarlo posteriormente en la preparación del guiso y de la masa.
4. En una olla grande preferiblemente de acero inoxidable, de unos 12 litros de capacidad, se ponen el aceite, la cebolla, el ajo porro, el cebollín, el ajo y las alcaparras. Los ajos y alcaparras deben previamente triturarse con 1/2 taza del caldo, como se indicó anteriormente. Se lleva todo a un hervor y se cocina por unos 15 minutos, hasta marchitar.
5. Se agregan el pimentón, el tomate, el ají dulce, el ají picante, los encurtidos, el vino, el vinagre, la salsa inglesa, el papelón, el pimentón seco, el ají seco, la pimienta, la sal, las 2 tazas de caldo y la mostaza. Se lleva a un hervor y se cocina por unos 10 minutos.
6. Se agrega el cochino. Se lleva a un hervor y se cocina por unos 40 minutos.
7. Se agrega la gallina. Se lleva a un hervor y se cocina 30 a 40 minutos, dependiendo de lo blanda que esté y revolviendo de vez en cuando y con cuidado para evitar que se desbarate. Debe probarse y corregir la sazón si es necesario, que debe ser muy fuerte.
8. Entretanto en una máquina para moler maíz y después de enjuagarlo estrujándolo con las manos y escurrirlo muy bien, se muele finamente el maíz pilado cocinado según el punto (1) y que se tiene aparte. Se pasa luego al vaso de una trituradora con 1 1/2 taza del caldo que resultó de cocinar las gallinas. Se tritura finamente y se agrega a la olla después del punto (7) para engruesar o cuajar el guiso. Se baja del fuego y revolviendo suavemente y con frecuencia para que no se pegue, se cocina a fuego lento por 30 minutos más o hasta que el guiso espese y seque, quedando con poco líquido sobre la superficie, 1 a 2 centímetros. Se tapa la olla con un paño no muy tupido y sin que quede demasiado tapado se deja enfriar en un lugar fresco hasta el día siguiente, cuando se van a llenar las hallacas. Se recomienda usar una olla de acero inoxidable o esmaltada. Después de enfriar completamente conviene conservar en la nevera lo que no vaya a utilizarse de inmediato.
Ingredientes para la masa
1 1/2 kilo de tocino, 1 1/2 taza de agua y 2 cucharaditas de sal o 5 tazas de manteca de cochino; 2 1/4 kilos de maíz blanco pilado seco, limpio y escogido, unas 30 tazas de maíz pilado cocido o 5 kilos de Masa de Maíz; 3 tazas del caldo donde se cocinaron las gallinas o de Consomé de Gallina; 5 cucharadas de sal; 6 cucharadas de semillas de onoto.
Preparación de la masa
9. El mismo día que se prepara el guiso, es decir el día anterior a la preparación de la masa y de las hallacas, se prepara la manteca de cochino con la cual se va a amasar la masa. Para ello se pone en un caldero el tocino picadito con 1 1/2 taza de agua y las 2 cucharaditas de sal y se cocina hasta que dore y ya no produzca más grasa, unos 30 minutos. La grasa se cuela a través de un colador de alambre, se deja enfriar y se deja tapada hasta el día siguiente en un lugar fresco, no en nevera. Se obtienen unas 5 tazas de manteca.
10. El mismo día también se cocina el maíz para hacer la masa. Para ello se escoge y se lava muy bien el maíz en agua corriente hasta que ésta salga transparente. Se pone en una olla, preferiblemente de acero inoxidable, con suficiente agua que lo cubra unos 10 centímetros. Se lleva a un hervor y se cocina por 25 a 28 minutos o hasta ablandar pero conservándose un poquito duro en el centro. Se retira del fuego, se le elimina 1/4 a 1/3 del agua que todavía tenga y se le agrega nuevamente agua fría hasta llevarla a su volumen original y se deja enfriar en sitio fresco tapado hasta el día siguiente.
11. El día que se van a preparar las hallacas se pone el maíz en un colador grande y se lava bien, estrujándolo bajo agua corriente. Se deja escurrir muy bien y se le quitan los picos, pedacitos oscuros y restos de piel que todavía pueda tener y que se hacen más visibles al cocinarlo.
12. Se muele con máquina para moler maíz con el molino muy apretado pues, para las hallacas, se desea que la masa sea muy fina. Se pone aparte.
13. Entretanto en un caldero se pone parte de la manteca, unas 2 tazas, con el onoto. Se lleva a un hervor, se cocina brevemente y se apaga. Debe cocinarse sólo el tiempo imprescindible para obtener un color caramelo oscuro, pues debe evitarse que se queme el onoto. Apenas llegado a ese punto se retira del fuego y una vez obtenido el color deseado se cuela para eliminar los granos de onoto. Parte de esa manteca va a ser usada para colorear la masa y parte para engrasar las hojas.
14. En una mesa o tabla se pone el maíz molido y se le van incorporando, amasándolo, la manteca, unas 3 tazas sin colorear y 1 taza coloreada dependiendo del color que se desee la masa y la sal. Todo se une y amasa muy bien. Se pasa nuevamente por la máquina de moler maíz para obtener una masa bien unida y compacta. Posteriormente se le incorpora el caldo de gallina, unas 3 tazas, y se amasa nuevamente muy bien hasta que la masa quede suave y compacta. Se pone en una bandeja grande y se tapa con un paño húmedo.
PREPARACION DE LOS ADORNOS
DEL RELLENO DE LAS HALLACAS
INGREDIENTES
1 kilo de pimentones rojos; 3 cucharadas de aceite; 1/2 kilo de tocino; 150 gramos de almendras, 2 por hallaca; 1/2 kilo de cebollas más bien pequeñas; 2/3 de taza, 150 gramos, de alcaparras pequeñas, 4 a 5 por hallaca; 2 1/2 tazas, 400 gramos, de aceitunas medíanas, 2 por hallaca; 2 1/4 tazas, 1 caja de 250 gramos, de pasas sin semillas, 8 a 10 por hallaca; 1/2 taza de encurtidos en vinagre picaditos. Todos los adornos pueden alistarse la vispera y guardarlos separadamente en la nevera.
15. Se precalienta el horno a 350 grados.
16. Se lavan los pimentones. Se secan. Se untan con las 3 cucharadas de aceite. Se ponen en una bandeja de metal. Se meten en el horno y se hornean por 50 minutos o hasta que comiencen a dorar, dándoles vueltas de vez en cuando. Se sacan del horno. Se colocan sobre un paño bien húmedo. Se envuelven y al enfriar se les quitan la piel y las semillas y se cortan en tiritas de 1 centímetro de ancho.
17. El tocino, ya cocido, se corta en tiritas delgadas de 4 a 5 centímetros de largo. Si el tocino no se ha cocinado junto con el cochino, se pone en agua con sal que lo cubra. Se lleva a un hervor y se cocina 7 minutos. Se escurre y se deja enfriar antes de cortarlo.
18. Se blanquean o se quita la piel a las almendras. Para ello en una olla se lleva a un hervor suficiente cantidad de agua que las cubra. Se agregan las almendras. Se dejan algunos segundos y sin cocinar se sacan nuevamente. Todavía calientes se les quita la piel.
19. Se pelan las cebollas. Se lavan y se cortan en ruedas delgadas.
20. Las alcaparras y aceitunas se escurren. Las pasas se limpian y se les quita cualquier palito que puedan tener. Los encurtidos se escurren y se cortan en pedazos pequeños. Todos los adornos se ponen separados, aparte.
PREPARACION DE LAS HOJAS
Y CONFECCION DE LAS HALLACAS
INGREDIENTES
7 kilos de hojas de plátano para hallacas; 1 taza de manteca de cochino coloreada con onoto según se explica en el punto (13); pabilo para amarrar las hallacas; agua y sal para cocinarlas.
21. Previamente se pican las hojas clasíficándolas en tres grupos de acuerdo al tamaño. Las más grandes de unos 40 x 30 centímetros se usarán para la parte inferior y también, sin masa, para hacer a la hallaca una envoltura de protección contra el agua, que algunos denominan camisa; otras un poco más pequeñas de unos 20 x 25 centímetros se usarán para la parte superior o tapas y otras de unos 10 a 15 centímetros de ancho por el largo que da la hoja transversalmente, para ser usadas como fajas, es decir, para la envoltura final de las hallacas antes de amarrarlas. Las hojas deben lavarse y secarse muy bien, inmediatamente antes del llenado de las hallacas.
22. Las hojas de plátano tienen un nervio central grueso a lo largo y de él salen hacia el borde otros nervios más delgados con apariencia de rayas que van transversalmente a la hoja y más o menos perpendiculares al nervio central. Cuando se va a trabajar sobre las hojas, sea lavado, secado, engrasado, enmásado o llenado, se recomienda hacerlo sobre la parte donde los nervios son más visibles y pronunciados, envés o reverso de la hoja, dirigidas las rayas hacia la persona y el borde de la hoja que estuvo pegado al nervio central, colocado junto a la persona.
23. Se comienza por lavar las hojas. Se lavan y enjuagan muy bien con agua. Se apilonan un poco inclinadas para que escurran bien y se secan muy bien con un paño. Se colocan aparte en grupos, como se ha indicado antes, de acuerdo a las diferentes medidas o usos.
24. Las hojas deben engrasarse antes de extenderles la masa, para ello se usa la manteca coloreada con onoto. Con un pañito que se moja en la manteca se untan las hojas por su parte menos lisa o donde tienen los nervios más visibles y pronunciados. Las hojas así engrasadas se van poniendo aparte, una pila con las hojas de abajo, otra con las hojas de arriba o tapas. Las fajas o cubiertas finales no se engrasan.
25. Se pone una hoja de abajo ya engrasada sobre una mesa. En el centro se le coloca una bola de masa de unos 5 a 7 centímetros de diámetro y encima un pedazo de plástico más bien grueso, y más o menos del tamaño de la hoja y entonces se aplasta fuertemente con una tabla como las usadas en cocina o para cortar pan, al hacer presión con las palmás de las manos se le da a la tabla un pequeño movimiento circular hacia cada lado para que la masa quede muy delgada, 1 a 2 milímetros, uniforme y en forma de círculo. Igual se hace con las tapas u hojas de arriba pero usando menos masa, unas peloticas de unos 3 a 4 centímetros de diámetro, pues la masa de arriba debe quedar un poco más pequeña y la hoja en si es más pequeña. Las hojas con masa se van colocando aparte.
26. Sin esperar mucho para que no se agriete la masa, se pone una hoja de abajo sobre un plato llano y con un cucharón pequeño se vierte en el centro de la masa alrededor de 1/2 taza de guiso ya frío. Encima se colocan los adornos uniformemente distribuidos: 3 ruedas de cebollas, 2 tiritas de pimentón, 2 tiritas de tocino, 2 aceitunas, 2 almendras, 4 alcaparras, 6 pasas y 4 a 5 pedacitos de encurtidos en vinagre, las cantidades dependen del gusto de cada persona.
27. Se tapa con una hoja más pequeña o tapa, ya también con masa. Con las puntas de los dedos se presióna por las orillas del guiso o relleno para pegar las dos capas de masa. Se doblan sucesivamente los dos lados de la hoja hacia arriba y los dos extremos también hacia arriba. Se envuelve nuevamente con la hoja grande, sin masa, que algunos denominan camisa y luego se envuelven con una faja. Se aprieta con cuidado y se amarra con pabilo cruzándolo 3 veces en cada dirección. Se debe terminar siempre en el centro para que el amarrado quede más seguro. Si alguna de las hojas se rompe debe protegerse la hallaca con otra hoja extra antes de ponerle la faja y amarrarla, con el objeto que no le entre agua al cocinarla.
28. Se van colocando las hallacas acostadas sobre una mesa, preferiblemente en una sola capa, nunca más de dos y cuando haya suficientes se meten con cuidado en una olla con agua hirviendo con sal de manera que queden cubiertas. Se les colocan por encima unos pedazos de hoja para mantenerlas sumergidas, se tapa la olla, se lleva nuevamente a un hervor y se hierven tapadas durante 1 hora. Deben mantenerse en la olla con el agua ya hirviendo.
29. Se sacan con una espumadera y se colocan sobre una mesa, ligeramente inclinadas para que escurran; conviene que la mesa esté también un poco inclinada. Se dejan enfriar bien y se meten en la nevera donde se conservan hasta por 4 semanas, sin embargo después de la segúnda semana adquiere el sabor de las hoja. Se recomienda esperar 1 ó 2 días antes de comerlas para que adquieran su verdadero sabor.
30. Cuando se van a servir, se calientan previamente. Pueden calentarse en agua, o en el horno. En el primer caso se pone en una olla suficiente agua con sal que las cubra. Se lleva a un hervor, se agregan las hallacas, se lleva nuevamente a un hervor y se cocinan por 15 a 20 minutos; se sacan del agua y colocándolas en posición vertical se dejan escurrir alrededor de 1 minuto. En el segundo caso se recomienda envolverlas individualmente en papel de aluminio, y ponerlas en horno precalentado a 400 grados por 30 a 35 minutos. Pueden calentarse también al vapor.
31. Para servirlas, se desatan, se les quita la faja y la hoja grande o camisa, se colocan en una tabla con las puntas dobladas hacia abajo y se cortan las hojas por los bordes con una hojilla de las que se usan para afeitar. Se elimina el pedazo de hoja cortado y se dejan sobre el resto de la hoja en cada plato que va a la mesa.

martes, 30 de octubre de 2012

¡Cuidado con los endulzantes artificiales!


Son muy utilizados en algunos alimentos con el fin de reemplazar al azúcar y así evitar que las personas engorden, pero pueden causar el efecto contrario al que se busca. Es decir, en lugar de ayudar a perder peso, los edulcorantes provocan, más bien, un aumento. ¿Por qué? La nutricionista argentina, Elba Albertinazzi, lo explica en detalle en un artículo publicado en el sitio clarin.com.
Según la experta, endulzantes y edulcorantes tienen sabor dulce, pero la diferencia entre ellos es que “los edulcorantes son sustancias sintéticas (sacarina, ciclamato, aspartame) o naturales, pero modificadas por la industria (sucralosa, jarabe de maíz de alta fructosa o JMAF). Así, poseen hasta mil veces la capacidad de dar sabor dulce, pero no pueden incorporarse al organismo para ser metabolizados y proporcionar la energía que necesita”.
“Los endulzantes, en cambio, son de origen natural y, si bien hay algunos que no contienen calorías, sólo sabor dulce, como la Stevia, no producen problemas en la salud”, agrega.
De acuerdo con sus palabras, “la aparición de los edulcorantes incorporados a los alimentos y bebidas de uso diario son acusados, y con mucha razón, de ser la mayor causa de la epidemia de enfermedades metabólicas de la población occidental”.
Esto, según Albertinazzi, fue comprobado en una investigación de la Universidad de Purdue (EE.UU.), efectuada en 2008, en la que se concluyó que los edulcorantes, al ser moléculas químicas, no pueden producir energía (a diferencia del azúcar o los endulzantes naturales) y, por lo tanto, se produce una alteración metabólica en el organismo.
“La tesis de este trabajo es que las personas que se alimentan con comidas o bebidas que contienen edulcorantes pueden estar en mayor riesgo de obesidad que aquellos que usan azúcar normalmente”, dice la experta.
“Para demostrar esto, los investigadores del estudio siguieron la evolución de ratones alimentados con yogures endulzados con sacarina u otros edulcorantes y encontraron que éstos fueron los que consumieron más comida y más calorías, e incrementaron más su tejido adiposo en comparación con los que comieron el mismo producto con azúcar”, explica.
Según aclara, ante un sabor dulce, el organismo “piensa” en recibir energía, ya que históricamente la ecuación era azúcar (sabor dulce) = glucosa = energía. Sin embargo, al no poder obtenerla, porque es una molécula no metabolizable, comienza a buscarla en otros alimentos. “Entonces, se come más, pero, generalmente, alimentos con edulcorantes, lo que transforma la alimentación en un círculo vicioso, que lleva al final a lo que queremos evitar, el aumento de peso y de grasas en el organismo, y la imposibilidad de cumplir con las dietas recomendadas”.
¿Qué hacer?
La nutricionista entrega los siguientes consejos:
-Eliminar los edulcorantes de la alimentación.
-Recurrir a fuentes naturales de glucosa asociada a las fibras, como el azúcar integral o mascabo (que se extrae de la caña de azúcar), o a azúcar orgánica para las infusiones o preparaciones culinarias.
-También se puede utilizar las frutas desecadas: damascos, duraznos, ciruelas, pasas, dejándolas simplemente en remojo en un poco de agua natural durante media a una hora, para luego usar el agua para tomar, y/o comer las frutas blandas masticándolas bien.
-Una buena opción para lograr el sabor dulce es la Stevia, que se extrae de la planta Stevia rebaudianna y es un endulzante natural, que no posee calorías.
-Por último, hacer una alimentación equilibrada, aumentar los vegetales, cereales integrales y legumbres, incorporando fibras naturales, que colaboran en la absorción de los azúcares y contribuyen a mejorar el metabolismo por su riqueza en vitaminas y minerales.

domingo, 28 de octubre de 2012

La vainilla y cómo hacer que el azúcar tenga este sabor

 La vainilla

Foto: Franzisca Badenschier/dpa
(CIUDAD DE MÉXICO dpa) – ¿Te gustan las golosinas y los dulces? Puedes preparar tu propia azúcar de vainilla. Es muy fácil. Necesitas cinco vainas de vainilla, medio kilo de azúcar y un gran frasco de vidrio con tapa.
Tienes que abrir las vainas a lo largo con un cuchillo. Pídele a tus padres que te ayuden, para que no te cortes.
Con una pequeña cuchara raspas luego de su interior las pequeñas semillas negras y las introduces junto con el azúcar en el frasco. Revuelve bien, tapa el frasco y déjalo descansar durante una semana. Así se desarrolla el aroma de la vainilla. Pasado ese tiempo, puedes abrir el frasco y saborear el azúcar avainillado.
Pero incluso si le quieres dar un sabor más fuerte, echa dentro del frasco también las vainas. No sólo le da más sabor, sino que le otorga un aspecto más interesante al frasco.

Conozca un poco más de la vainilla


Infografía DPA
No hay casi helado más popular que el de vainilla. El flan de vainilla es igual de delicioso. Y las tortas de vainilla, así como los yogures y postres de todo tipo con sabor a vainilla son de consumo diario. También los chocolates y algunos refrescos de cola contienen vainilla. ¿Pero qué es la vainilla?
Proviene de una planta aromática que es originaria de México y Guatemala. Su fruto tiene la forma de una chaucha, de unos 20 centímetros. Los españoles que conquistaron México le vieron una forma de pequeña vaina de espada, por lo que le dieron el nombre de vainilla.
La planta de la vainilla es una especie de orquídea, que sólo crece en países de un clima cálido y húmedo. Además de los países de origen se cultiva actualmente también en Madagascar e Indonesia. Las flores son entre blancas y amarillentas y el fruto, en forma de vaina, crece verde a lo largo de unos siete meses.
Pero con cortarla de la planta no basta para obtener el aroma de la vainilla. Así como está, no tiene ni olor ni sabor a nada. Hace falta bañar las vainas durante tres minutos a una temperatura de unos 65 grados. Luego se las deja secar, primero en mantas de lana y luego al aire. En ese proceso se tornan negras y desarrollan sus cualidades aromáticas.

Algunos de los términos más importantes sobre la vainilla


Foto: Franz Smets/ dpa

VAINA O CHAUCHA DE VAINILLA:
 Es el fruto de la orquídea de la vainilla, que crece de color verde. En realidad no es una vaina, sino una serie de cápsulas, en las que se acumulan pequeñas semillas negras. En algunos alimentos producidos con vainilla natural se las puede distinguir en forma de pequeños puntos negros.
VAINILLINA: Es el nombre de la sustancia que le da el particular aroma al perfume de la vainilla. Pero en realidad hay unas 400 sustancias que combinadas en unas 130 reacciones químicas dan como resultado el gusto de la vainilla.
VAINILLINA SINTÉTICA: La vainillina se puede producir en laboratorios a partir de una sustancia que se encuentra en la madera y que queda como resto en la fabricación de papel. Esta vainillina artificial es mucho más barata que la natural, por lo que se la aplica a muchos alimentos de consumo masivo.

sábado, 15 de septiembre de 2012

¡Bueno el cilantro,pero no tanto!


 ¿Por qué tanta gente odia el cilantro?

Según un estudio reciente, el misterio se explica por determinadas características genéticas. Muchas personas, incluso chefs como la afamada Julia Child (ya fallecida), opinan que el aroma y sabor del cilantro llega a ser “ofensivo”. A raíz de esto, algunos científicos se venían preguntando si la aversión al cilantro podría tener una causa genética. Parece que la respuesta definitiva es que sí.
La gente de la firma especialista en genética 23andMe, con sede en Mountain View, Estados Unidos, encuestó a treinta mil personas en una investigación al mando de Nicholas Eriksson y encontró en ellas variantes genéticas relacionadas con el odio al cilantro.
La hipótesis es que dentro de un grupo de genes de receptores olfativos se ubica el gen OR6A2, que codifica un receptor que a ciertas personas le genera sensibilidad hacia los aromas que remiten a productos químicos. Y todo aquel que haya acercado su nariz a un manojo de cilantro sabe que su aroma es un poco así... Cercano a la lavandina, dicen algunos.
Esto indica que la genética juega un papel importante a la hora de determinar qué alimentos preferimos, pero también son determinantes las tradiciones y las primeras experiencias que tengamos con los alimentos. Según otro estudio sobre el cilantro realizado por la Universidad de Toronto sobre 1400 personas, el gusto o disgusto por la hierba está en fuerte relación con las raíces geográficas y culturales de cada quien.
Los originarios de Asia Oriental, por ejemplo, tienden a ser enemigos del cilantro: un 21% de la población de esa zona demostró no tolerarlo. Al contrario, los oriundos de Oriente Medio son grandes fanáticos, con sólo el 3% de personas que odian la hierba. Los europeos están más cerca del odio, con un 17% de personas estudiadas que no tolera su sabor.
No hay estudios sobre América Latina, pero analizando el mapa gastronónico podríamos asegurar que son las zonas andinas la más afectas a esta hierba, mientras que en Argentina, varios todavía se están acostumbrando.

domingo, 26 de agosto de 2012


Varias formas de pedir café por el mundo

Hay dos tipos de personas, las que adoran el café y las que no. Bueno, obviamente es una clasificación un poco limitada, pero es verdad que normalmente o te apasiona el café, o apenas te gusta. Mucha gente lo consume cada día casi más por necesidad que por gusto, otros lo prefieren cuanto más amargo mejor. Yo soy de las apasionadas por su sabor, y por eso cuando salgo de viaje me fijo mucho en la manera que tienen en cada lugar de preparar y servir el café. Y es que hay muchas formas distintas de pedir y disfrutar del café por el mundo.
Hoy nos parece una de las cosas más comunes en el día a día, casi en cualquier lugar del planeta. Es algo más que una bebida, ha adquirido gran importancia social y creado toda una cultura a su alrededor. Aunque la globalización y el auge de las franquicias están extendiendo hábitos comunes, resulta muy interesante descubrir cómo preparan y cómo consumen el café en distintos lugares. Os invito a acompañarme por un pequeño recorrido por algunos de los más conocidos por todo el planeta.
Italia, cuna del espresso
Si hay un lugar del mundo donde se demuestra que el café es cultura, es sin duda Italia. Allí tomar café adquiere unas características muy concretas que cada italiano asume como parte de su identidad nacional, y a pesar de todas las variedades y diferencias entre regiones, hay una serie de términos básicos que se repiten de bar en bar.
Caffè/Espresso: El término genérico por excelencia, que implica pedir un espresso. No hace falta especificar espresso cuando se desea tomar el café más común en Italia, es algo que se sobreentiende. Un auténtico espresso italiano se sirve en taza relativamente pequeña de porcelana, la infusión llenará unos tres centímetros y debe tener su buenca capa de crema. La cantidad es pequeña, entre 20 y 25 ml, pero potente y muy aromática.
Caffè Doppio: Si un espresso no te parece suficiente, pide un doppio, ya que no es más que una doble ración de caffè servida en una taza un poco más grande.
Caffè Stretto/Ristretto: Suele llevar la misma cantidad de granos de café que el espresso, pero se prepara con menos agua. El resultado es un café muy corto pero de sabor y aromas muy fuertes. Para apasionados del café en mínimas dosis.
Caffè d’Orzo: Una curiosa variedad preparada con granos de cebada que produce una infusión más aguada y sin cafeína. Puede tomarse solo o con leche.
Caffè Americano: Aunque comparte la característica con el café servido en Estados Unidos de ser más suave y largo, el americano italiano es más fuerte. Se trata de un café preparado como un espresso, pero al que se añade agua caliente después de la infusión.
Caffè Lungo: Como su nombre indica, es un café largo, es decir, un espresso preparado con más cantidad de agua, normalmente el doble. Así resulta de sabor más suave.
Caffè Macchiato: Se trata de un café espresso servido en una taza mediana de porcelana o cristal, “manchado” con un poco de leche caliente, a veces un poco espumosa, pero nunca al nivel del capuccino.
Latte Macchiato: Es la misma idea del anterior, pero a la inversa. En una taza alta de cristal se dispone la leche caliente que se “mancha” con un poco de café.
Caffè Macchiato Freddo: Es esencialmente un macchiato, pero servido con leche fría o a temperatura ambiente. A veces se ofrece con la leche en una jarrita aparte para que el cliente se sirva a su gusto, o puede añadirla directamente el camarero.
Cappuccino: La otra gran estrella del café, en cuyo nombre a veces se cometen crímenes que deberían ser juzgados: un capuccino jamás llevará nata montada. El verdadero capuccino italiano consiste en un espresso con leche y coronado con espuma, servido en taza grande. Los italianos lo suelen tomar para desayunar, rara vez después de comer o a media tarde, que es una costumbre más de turistas.
Marocchino/Mocacchino: El nombre puede variar según la zona. Es un espresso servido en taza de cristal de medio tamaño, combinado con espuma de leche y coronado con cacao en polvo.
Caffè Corretto: En una taza de mediano tamaño, se sirve un espresso con un golpe de licor al gusto. Las opciones más demandadas suelen ser con grappa (un fuerte digestivo), Sambuca (licor aromatizado con anís), coñac o ron.
En España, variedades regionales
El café también es una de las bebidas más populares en España, aunque su consumo está menos estandarizado que en otros países. Son muchas las tradiciones y los gustos que hemos ido desarrollando, así que no extraña que encontremos algunas diferencias según la región. Podríamos diferenciar entre el que toma café casi por costumbre, con granos de poca calidad, muy aguados o con mucha leche, del auténtico gourmet cafetero. Sea como sea, destacan algunas variedades.
Café solo: El café por excelencia, el más simple, pero que puede ser tan distinto según el bar o cafetería que lo sirva.
Desafortunadamente, cada vez se cobran más caros y se sirven peor, y es que parece haber una falta de interés generalizada por preparar y servir un café correctamente. Un buen café solo debe partir de buena materia prima, agua de calidad y ser molido en el momento. La cafetera debe estar en buenas condiciones y usar la cantidad exacta de café por carga, y disponerse en una taza alta y estrecha de porcelana. Jamás debe recalentarse, para disfrutar del café tiene que servirse al momento.
Café cortado: Con la misma cantidad de café que en un solo, se añade leche calentada con un vaporizador y se añade hasta llenar la taza, no muy grande.
Café con leche: Su nombre lo dice todo. La cantidad de leche deseada puede variar según el gusto del comensal, así que se suele servir delante del cliente, con el tipo de leche que prefiera (caliente, fría, desnatada, etc.). Se prepara en una taza más grande.
Bombón/biberó/goloso: Lo normal es preparar un café solo en un vaso estrecho de cristal, y a continuación se añade leche condensada. Deja un bonito contraste de colores que se funde cuando el comensal mezcla con la cucharilla.
Carajillo: Desgraciadamente cada vez es más difícil encontrar un lugar donde sirvan uno de verdad, y no sólo un café acompañado de licor, a veces incluso dejando la botella al cliente. El buen carajillo se comienza calentando y quemando brandy con unos granos de café y corteza de limón, que después se añade al café solo preparado. La infusión de alcohol se puede colar o servir con los granos y la piel del cítrico, opción que personalmente me gusta más.
Asiático: Se trata de una variedad típica del campo de Cartagena, aunque también se puede pedir en otras zonas de la Región de Murcia. Su origen se sitúa en el Bar Pedrín, aunque algunas teorías lo remontan al café de recuelo que empleaban los pescadores cartageneros para calentarse. Un asiático consiste en un café solo al que se añade leche condensada, brandy, licor 43 y canela molida. Debe servirse en un vaso o copa de cristal característico, muy caliente. Bien cargado y muy dulzón, es todo un reconstituyente en los días fríos.
Belmonte: Típico de la zona mediterránea, un belmonte es básicamente un café bombón con un toque de brandy. Café solo servido en taza o vaso de cristal con leche condensada y el licor.
Café del tiempo: Variedad característica de la Comunidad Valenciana, especialmente durante el verano. De preparación sencilla, consiste en un café normal o descafeinado, azucarado, servido frío y con mucho hielo, pudiendo llevar también una rodaja de limón.
Leche y leche: Doble ración láctea para los menos aficionados al regusto amargo del café. Se prepara, como el bombón, en una taza o vaso de cristal, donde se vierte la leche condensada. A continuación se llena unos 3/4 con el café y se corona con leche cremosa calentada con vaporizador.
Barraquito: Especialidad popular en Canarias, a base de café, leche y leche condensada. Puede llevar además licor, canela y limón.
Variedades por Europa
Aunque de entrada no nos parezca que pedir un café en la mayoría de países europeos pueda ser una experiencia exótica, lo cierto es que cada país y cada región tiene sus peculiaridades. Cafeterías hay de muchas clases repartidas por todo el continente, pero puede que la carta nos sorprenda. Las zonas más turísticas sí que parecen estar homogeneizándose, ofreciendo cafés “estándares”, pero hay determinados lugares donde la tradición cultural del café es muy fuerte, con multitud de términos distintos, como es el caso de Austria.
Café/Bica: Es la forma más sencilla de pedir un café solo en Portugal, con la variante bica más usada en la zona de Lisboa. Suele ser corto y de fuerte aroma.
Café cheio: Variante de nuestros vecinos del café estándar, servido con un poco más de agua caliente.
Pingado: Muy semejante a nuestro cortado, es lo que pide un portugués si quiere un café con un poco de leche.
Meia de leite/Galão: Dos posibilidades de tomar un café con leche en Portugal. La primera suele ser una taza con la misma cantidad de café que de leche, mientras que el galão se suele distinguir por servirse en una taza o vaso de cristal.
Schümli: Término suizo para un café solo común. Lo más habitual es que te lo sirvan en taza, acompañado de una chocolatina y la típica crema de leche en un botecito.
Kaffee fertig: Así se llama en Suiza al café mezclado con un licor fuerte, estilo aguardiente.
Schwarzer: Denominación del café solo, sin leche ni azúcar, en Austria.
Franziskaner: Así se llama en Austria a un café suave preparado con nata montada por encima.
Wiener Melange: Variedad vienesa del capuccino. Es un café de variedad suave servido con espuma de leche, aunque debido a que se ha popularizado el término café vienés para llamar al café con nata, se suelen confundir ambos nombres.
Café au lait: Es la forma que tienen en Francia para pedir un café con leche calentada con vapor. En ocasiones pueden servir el café y la leche aparte para que el comensal se sirva él mismo.
Café crème: Muy parecido al anterior, aunque en este caso el café se sirve en una taza más grande, por lo que se parecería más a nuestro café con leche habitual.
Café noisette: Los franceses usan el término noisette (avellana) para referirse al color que adquiere esta variedad, que no es más que un espresso servido con un poco de nata o leche.
φραπές/Frappé griego: El conocido frapuccino tiene su origen en el frappé griego, muy popular durante el verano. Consiste en un café generalmente instantáneo servido con hielo y cubierto por espuma.
Otros tipos por el mundo
Para finalizar, no podemos ignorar la forma de disfrutar del café que se tienen en otros lugares más lejanos. Por ejemplo, la mala fama del café en Estados Unidos nos es muy conocida, gracias a la información que nos llega por el cine o las franquicias que venden enormes bebidas aguadas o llenas de calorías. En países latinos la tradición cafetera es mucho más fuerte, y cada lugar tiene sus propios términos y costumbres que los diferencian. Además, sorprenden algunas preparaciones de países que pueden parecer más ajenos al café, sobre todo en Asia, donde sin embargo ha llegado a través de la influencia exterior.
Regular Coffee/Coffee: En algunas zonas de Estados Unidos, especialmente Nueva York y Philadelphia, al pedir simplemente un café lo más probable es que recibas un café largo ya preparado con leche o nata, y azúcar. Si lo que buscas es un café solo (o lo más parecido), especifica que no añadan nada.
Red eye/Black eye/Dead eye/Shot in the dark: Variedad de curiosos nombres para referirse a un café más fuerte que al que suelen estar acostumbrados en este país. Se trata de una combinación de espresso con el típico café de filtro por goteo.
Café turco: Es el nombre común por el que se conoce hoy en día a una forma popular de preparar el café en varios países, también en Oriente y África. Es un café muy concentrado, espeso, ya que se realiza hirviendo directamente los granos molidos en el agua, cayendo a las tazas donde se sirve, dejando los característicos posos.
Tinto/tintico: Que no te extrañe oír en Colombia pedir un tinto a primera hora, se trata de la denominación popular del café solo. Los colombianos suelen disfrutar de su tintico a lo largo de todo el día y lo habitual es degustarlo sin azúcar ni leche, pues la variedad de su café es menos ácida que otras variedades.
Guayoyo: En Venezuela, café normalmente filtrado preparado con alta proporción de agua.
Cà phê sữa đá: Este extraño nombre procede de Vietnam, donde significa “café con leche y hielo”. Consiste en un café filtrado en un pequeño utensilio individual, al que se añade leche condensada y se sirve sobre hielo.
Flat white: Especie de equivalente al capuccino en Australia. Se trata de un café corto al que se añade espuma de leche preparada con vapor, servido en tazas medianas.
Kaapi/Madras Filter Coffee: Así se conoce al café más popular en las regiones del sur de la India. Puede estar mezclado con achicoria, y se sirve con leche y azúcar, pudiendo incorporar especias.
Yuanyang/Ying Yong: Bebida popular en Hong Kong creada a partir de una mezcla de café y té negro con leche evaporada o condensada. Se puede tomar frío o caliente.
Como podéis ver, la cultura que rodea al café es todo un mundo, apasionante y complejo, con multitud de términos, costumbres, tradiciones y gustos. Parece mentira que durante muchos siglos el ser humano pudiera vivir sin conocerlo, considerando el papel tan importante que juega hoy para sociedades de todo el planeta.
Como se suele decir, no están todos los que son ni son todos los que están, y es que se han quedado muchas variedades fuera de este recorrido. Este es sólo un paseo general por los tipos de café más comunes, y siento haber tenido que dejar fuera tantas otras opciones, pero espero al menos haberos descubierto algunas curiosidades sobre este fascinante mundo.
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